Enseñanzas de Osensei

El universo es nuestro mayor maestro, nuestro amigo. Oserva cómo un arroyo camina a través de valle de la montaña, transformándose suavemente mientras se desliza por entre las rocas. La sabiduría del mundo está en los libros y, al estudiarlos se pueden crear un número infinito de técnicas nuevas.

El universo mismo siempre nos está enseñando aikido, pero nosotros no sabemos percibirlo. Solo pensamos en nosotros mismos y por ello hay tantas disputas y tanta discordia en nuestro mundo. Si solo tuviéramos un corazón puro, todo iría bien. No pienses que lo divino existe por encima de nosotros, en el cielo. Lo divino está aquí mismo, dentro de nosotros y a nuestro alrededor. El fin del aikido es recordarnos que estamos en un estado de gracia.

Aikido es la no-violencia. A cada ser humano se le ha encomendado un mandato desde el cielo y la victoria que buscamos es superar todos los retos y luchar hasta el final, hasta lograr nuestros objetivos. En aikido nunca atacamos. Si quieres atacar primero, sacar ventaja a alguien, es señal de que tu formación es insuficiente. Deja que tu contrincante ataque y utiliza su agresión en su contra. No te amilanes ante ningún ataque; contrólalo antes de que empiece.

En el verdadero budo no hay oponentes. En el verdadero budo buscamos ser uno con todas las cosas, volver al corazón de la creación. El verdadero budo es una aplicación del amor. El camino de un Guerrero no es destruir y matar, sino alimentar la vida, continuamente crear. El amor es la divinidad que puede protegernos de verdad.

En el pasado, un practicante de sable dejaba que un enemigo le hiciera un corte superficial en la piel para luego cortar él a su enemigo hasta llegar a la carne. A veces incluso sacrificaba su  propia carne para poder dar un tajo a su enemigo hasta el hueso. En aikido, una actitud asi es inaceptable. Queremos que tanto el que ataca como el que se defiende resulten ilesos. En vez de arriesgarte a ser herido para lograr la victoria, debes aprender cómo dirigir a tu contrincante. Controla a tu oponente poniéndote en lugar seguro. En budo no hay lugar para las mezquindades o para pensamientos egoístas. En vez de dejarte atrapar en la nociones de "ganar o perder", busca la verdadera naturaleza de las cosas. Tus pensamientos deben reflejar grandeza del universo, un reino más allá de la vida y muerte. Si tus pensamientos van en contra del cosmos, esos pensamientos te destruirán y causarán estragos en el ambiente.


Masakatsu, victoria verdadera, se asocia con el elemento masculino de la creación, agatsu, victoria sobre uno mismo, se asocia con el elemento femenino. Juntos, representan katsuhayabi, victoria aquí mismo, ahora mismo, un estado ideal de perfección y plenitud.