El Maestro y el discípulo

Un joven muy entusiasta le pidió a un maestro del sable que lo aceptara como discípulo. "Seré tu sirviente y practicaré sin cesar. ¿Cuánto tiempo me llevará aprenderlo todo?"

"Al menos diez años", contestó el maestro.

"Eso es demasiado tiempo", replicó el joven. "Supongamos que trabajo el doble que los demás. Entonces, ¿cuánto tiempo me llevará?"

 "Treinta años", le dijo el maestro.

"¿Qué quieres decir?", exclamó el joven. "Haré cualquier cosa para dominar el arte del sable lo más pronto posible."

"En ese caso", dijo el maestro en tono serio, "necesitarás cincuenta años. Una persona con tanta prisa es un mal estudiante."

A este joven avergonzado se le permitió servir de ayudante con la condición de que no tocara un sable ni hiciera ninguna pregunta sobre ello. El joven pasó los tres años siguientes limpiando, cocinando y haciendo recados. Pero un día, el maestro se le acercó sigilosamente al joven y le atacó con un sable de madera. Desde ese momento, el maestro siguió con sus ataques por sorpresa hasta que el joven desarrollo un sexto sentido muy agudo; podía percibir un ataque antes de recibirlo. "Ahora ya estás listo para aprender", le dijo el maestro. La instrucción formal comenzó y el estudiante progresó rápidamente.