Aikido: Contexto histórico

Ante la mirada del común de las personas, el Aikido luce sutil, sofisticado, suave; para otros puede ser rápido y enérgico y otros sencillamente no lo entienden. Todos estos puntos de vista son válidos, sin embargo para tener una idea más clara, es necesario analizar bajo que contexto histórico se desarrolló el Aikido.

El Aikido proviene de un arte marcial antiguo llamado Daito-ryu, fundado por Minamoto Yoshimitsu (sexta generación descendiente del Empereador Seiwa) alrededor del año 1100 D.C. Posteriormente su hijo Yoshikyo se establece en Koga (Actualmente la Prefectura de Yamanashi) constituyendo el Clan Takeda, permaneciendo este arte en la familia, transmitido de generación en generación hasta que finalmente llega a Sokaku Takeda (maestro de Morihei Ueshiba) quien a través de sus años de experiencia y algunas modificaciones funda el Daito-ryu Aiki-jutsu.

El Daito-ryu se origina en el Japón feudal donde las guerras eran frecuentes. Las castas militares y terratenientes, dominaban la escena. Los Bushi (Guerreros de la casta militar) dependían de tanto de sus armas: sables, arcos y flechas, lanzas, dagas, etc. Así como también de su conocimiento técnico y estratégico; lo que convertía al guerrero en un arma humana.

Es curioso que hoy día hablemos de artes marciales, cuando las guerras modernas se desarrollan de una manera muy distinta a la época de los Samurais. Debido a los avances tecnológicos, cada vez menos se expone el ser humano en un campo de batalla, sin embargo cada vez son más letales las armas que se desarrollan.

Bujutsu es el término que se usa para definir las artes de guerra, donde Bu: Es todo lo relacionado al aspecto militar y Jutsu: Es el método o técnica para su desarrollo. Entendiendo este término en el contexto histórico antes mencionado, las artes de guerra practicadas estaban totalmente acordes al momento. Es absurdo pensar que con la práctica de lo que conocemos en la actualidad como “Artes marciales” nos envíen a combatir cualquier conflicto de los que se suceden en el mundo.

Un arte marcial moderno, si nos ceñimos al sentido estricto de la palabra, es el conjunto de disciplinas y destrezas que deben aprender los soldados para poder enfrentar una guerra en la actualidad, eso incluye el manejo de armas modernas, conocimientos tecnológicos, etc.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, y la ocupación del ejercito Norteamericanos en Japón, las artes de guerra estaban prohibidas, lo que condujo a su practica de forma secreta, manteniendose este conocimiento en las familias. En vista de su eventual desaparición, estas artes se transformaron pasando de ser Bujutsu a Budo. Donde Bu, ya sabemos que significa, y Do: Camino, vía o sendero. De esta manera las artes de guerra pudieron surgir nuevamente como un camino o vía marcial, donde el objetivo de sus prácticas no era la aniquilación del contrario, sino la auto-realización del individuo.

Esto quiere decir que en la actualidad practicamos artes de guerra enmarcadas en un contexto histórico que no corresponde a nuestros días. Sin embargo debido al giro que experimentaron las artes marciales después de la Segunda Guerra Mundial, se potenciaron otras virtudes más aplicables a la época actual. No con esto se le resta merito a la efectividad de los Budo, pero el uso original para el cual fueron diseñadas en la actualidad pasa a un segundo plano, es decir, imagínense por un instante, que el único objetivo de practicar un Budo, sea para utilizarlo en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en la calle. Obviamente cada uno de nosotros tenemos vidas distintas, pero dudo mucho que la mayoría tenga que combatir a diario para ir al trabajo.

Lo interesante de todo esto es poder entender a través de las técnicas su esencia y el trasfondo que en ellas reside, y poder aplicarlo a nuestra vida diaria. Por ejemplo en el caso del Aikido existe un movimiento llamado Tenkan, en el cual se hace un pivot sobre el pie adelantado, permitiendo esquivar un ataque y a la vez quedar en una posición favorable para hacer una técnica. Si obviamos el aspecto físico, y extraemos concepto del movimiento, y lo llevamos al terreno de una situación cotidiana: trabajo, familia, estudios, etc. Entendemos que ante una situación que se nos viene encima, podemos enfrentarla desde otro punto de vista sin necesidad de chocar y por consiguiente obtener un mejor resultado.

Es ahí donde radica la importancia de la práctica de un arte marcial o mejor dicho un Budo, y tener claro el ¿Por qué? y ¿Para qué? se practica.

Entendiendo un poco más los orígenes y el proceso evolutivo, analicemos un poco la forma de practicarlo. El Aikido en general, carece de la práctica a través de Katas, como podemos ver en otras artes como el Karate. Es necesario contar con la colaboración de un compañero que cumpla las funciones de Uke (atacante) para así poder ejecutar las técnicas. En cada clase de Aikido, se experimenta a través de la práctica, a fin de mejorar el desempeño de la técnica. Si observamos en detalle, se crea un sistema de aprendizaje-enseñanza, natural en el cerebro humano ya que este tiende sistematizar los procesos que ejecuta a fin de obtener un mayor rendimiento y un menor consumo energético.

Lo que hacemos en el Dojo, es practicar sistemáticamente ejercicios los cuales nos van a dar destrezas tanto físicas como mentales, para poder resolver situaciones que se nos presenten en diversos ámbitos. Es imposible prever todos los posibles ataques o situaciones que se nos pueden presentar, sin embargo al tener bases y conceptos claros, ese conocimiento se puede trasladar a distintos escenarios. No importa si la forma exterior del arte que se practica está enmarcado en un contexto histórico antiguo, a grandes rasgos el ser humano sigue siendo el mismo, estamos construidos de la misma forma, reaccionamos de maneras muy similares, por consiguiente la esencia de las artes marciales y en este caso el Aikido trasciende a los tiempos.