FUROSHIKI

El furoshiki (風呂敷) es una tela cuadrangular tradicional de Japón, que es utilizada para envolver y transportar todo tipo de objetos, desde ropa y regalos hasta botellas de vidrio.

Se comenzó a emplear a mediados de la Era Nara, en los baños tradicionales japoneses (Ofuro), para no confundir o mezclar la ropa, así utilizaban el furoshiki y dejaban su vestimenta encima de ella.

Eventualmente su uso se difundió y comenzó a ser utilizada por comerciantes para proteger sus mercancías o sus regalos.

Actualmente el furoshiki está hecho de diferentes telas, incluyendo seda, algodón, rayón y nylon. Y aunque este arte se sigue ocupando en Japón, su uso ha ido decayendo, debido a la gran demanda de bolsas de plástico que existe hoy en día.

En los últimos años el ministerio de medio ambiente japonés ha hecho algunas campañas para promover el uso de furoshiki en la actualidad, para lograr proteger y cuidar el medio ambiente en Japón y en el mundo.

EL SABOR DE LA ESPADA DE BANZO


Matajuro Yagyu era hijo de un famoso espadachín. Su padre, considerando que el trabajo de su hijo era demasiado mediocre para esperar que llegara a ser un gran maestro, lo repudió.

De modo que Matajuro fue al Monte Futara y allí encontró al famoso espadachín Banzo. Pero Banzo confirmó el juicio del padre:

“No llenas los requisitos”

“Pero si trabajo duro, ¿cuántos años me tomaría volverme un maestro?”, persistió el muchacho.

“El resto de tu vida”, replicó Banzo.

“No puedo esperar tanto”, explicó Matajuro. “Estoy dispuesto a pasar por todas las penalidades a condición de que usted me enseñe. Si me vuelvo su criado, ¿cuánto me tomaría?”

“Oh, quizás veinte años”, dijo Banzo.

“Mi padre está envejeciendo, y pronto debo cuidarlo”, continuó Matajuro. “Si trabajo mucho más intensamente, ¿cuánto me tomaría?”

“Oh, quizás treinta años” dijo Banzo.

“¿Cómo es eso?, preguntó Matajuro, “Primero me dice veinte y ahora treinta años. ¡Soportaré cualquier penalidad, para dominar el arte en el más corto tiempo posible!”

“Bien”, dijo Banzo, “en ese caso tendrás que quedarte conmigo por setenta años. Un hombre con tanta premura como tú para obtener resultados rara vez aprende rápidamente.”

“Muy bien”, dijo el muchacho, comprendiendo  al fin que lo estaba regañando por su impaciencia. “De acuerdo”.

Banzo le ordenó a Matajuro que más nunca hablara de esgrima ni tocara una espada. Cocinaba para su maestro, lavaba la loza, le hacía la cama, limpiaba el patio, cuidaba el jardín, todo sin mencionar una sola palabra de esgrima.

Tres años pasaron. Y Matajuro continuaba trabajando. Pensando en su futuro, se sentía triste. No había empezado siquiera a aprender los rudimentos del arte al que había dedicado su vida.

Pero un día Banzo se le acercó a hurtadillas por la espalda y le dio un gran golpe con una espada de madera.

Al día siguiente, cuando Matajuro estaba cocinando arroz, Banzo saltó de nuevo sobre él inesperadamente.

Después de eso, día y noche, Matajuro tenía que defenderse de golpes inesperados. No pasaba un solo momento ningún día en que no tuviera que pensar en el sabor de la espada de Banzo. Aprendió  tan rápidamente, que hizo brotar sonrisas del rostro de su maestro. Matajuro se volvió el mejor espadachín del país.   

El elefante y la estaca - Jorge Bucay



Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante, que, como mas tarde supe, era también el animal preferido por otros niños.

Durante la función, la enorme bestia hacía gala de su peso, un gran tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

El misterio sigue pareciéndome evidente.

¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunte entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice la pregunta obvia: Sí está amaestrado, ¿Por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa misma pregunta alguna vez.

Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapaba porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño…

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó, tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella pequeña estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia…el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino…

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.

Jamás, jamás intentó volver a  poner a prueba su fuerza.   

El Rey Dragón Ueshiba



Amenomurakumokukisamuhararyuo es una obra del pintor Joyo. Como ferviente admirador de O-Sensei deseaba tener la ocasión de realizar un retrato. O-Sensei respondió a su petición diciéndole:

 "Amenomurakumokukisamuhararyuo es mi divinidad protectora. A mi muerte me uniré a él.

Por lo tanto es mi retrato en el mundo de las almas que has de realizar."

Joyo rezó a los dioses hasta que la inspiración se le manifestó en forma de un dragón divino.

Cuando la obra estuvo terminada bajo el fuego de la inspiración sagrada, el Fundador experimentó una alegría profunda al ver ese dragón.

"¡Soy yo, realmente soy yo!", exclamó.

El Fundador continúa viviendo bajo esa forma, que es la más viva expresión de su imagen.

Este gran kakemono se honra especialmente una vez cada doce años, cuando se celebra el año nuevo del año del Dragón.

Según una carta del Maestro Shirata Rinjiro.


Extraído de: Aikido, Etiqueta y Transmisión de Nobuyoshi Tamura Sensei